Principios del buen establecimiento de huertos

Principios del buen establecimiento de huertos

Principios del buen establecimiento de huertos

El establecimiento de una nueva plantación es un momento crítico en la producción frutícola, en el cual generar óptimas condiciones para el desarrollo del huerto permitirá asegurar el máximo crecimiento de las plantas, sin perder el equilibrio entre parte aérea y subterránea necesario para lograr máximas productividades durante el mayor período de tiempo posible. Para lograr esto, un aspecto fundamental a considerar es la adecuada preparación del terreno donde se encontrará el huerto, para lo cual es necesario conocer y caracterizar el suelo considerando las 3 propiedades o indicadores de calidad del mismo, esto es, propiedades físicas, químicas y biológicas. Dicha información será clave a la hora de decidir los manejos y/o intervenciones que se deberán realizar para mejorar o potenciar los parámetros que más incidencia puedan tener en la futura producción.

Para la correcta preparación del suelo, se considera fundamental en muchos casos mover el terreno con equipos mecanizados, los cuales son muy útiles para romper estratas endurecidas, pie de arado, o bien soltar suelos que se observan compactados. Si bien esta labor puede contribuir a mejorar la condición del suelo, y de hecho en algunos casos es totalmente necesaria, no se debe olvidar que la ruptura mecánica del suelo, a través del uso de subsoladores, garras y cinceles, tienen un efecto absolutamente temporal e insuficiente para mantener la buena condición (en particular aquellos suelos con baja estabilidad, texturas muy pesadas o escaso contenido de materia orgánica), por lo que se hace necesario la implementación de medidas complementarias tales como la incorporación de sustancias húmicas en altas dosis, para asegurar una buena condición de suelo en el tiempo (Seguel, 2015).

Respecto a lo anterior, es importante recordar la importancia y efectos de la materia orgánica en los suelos, ya que es fundamental para dar estabilidad y resistencia a los agregados; un suelo con agregados resistentes tendrá mejor estructura, lo que también implica mejor distribución y continuidad del espacio poroso, más capacidad para retener agua, mejor fertilidad natural y oxigenación, todos requerimientos esenciales para asegurar el óptimo desarrollo del huerto. Como se observa en la figura 1, la materia orgánica (en particular aquella con mayores niveles de estabilidad y oxidación), se asocia con las partículas minerales del suelo y permite su correcta agregación. Al tener presente que la ruptura mediante mecanización desarma la estructura del suelo, se desprende la necesidad de complementar esta labor con la aplicación de alguna fuente de materia orgánica estabilizada e idealmente alto grado de reactividad, que permita recuperar la estructura mediante la formación de nuevos y mejores agregados (figura 2).

La materia orgánica puede presentarse bajo diversas formas las que tienen diferentes características y propiedades, por lo que los efectos en el suelo también serán diversos en cuanto a intensidad y duración; diversos estudios y publicaciones destacan la importancia de la materia orgánica estabilizada, humificada y de alto grado de oxidación en los efectos de mediano y largo plazo sobre la estructura, condición física y química de los suelos, por lo que es muy recomendable preferir fuentes de estas características a la hora de aplicar materia orgánica en el momento de establecer un huerto, pues asegura efectos más prolongados que permiten mantener el suelo mullido y bien oxigenado por más tiempo, protegiendo las fuertes inversiones que se hacen en mecanización.

Una de las formas más estables y reactivas de la materia orgánica corresponde a un lignito oxidado llamado Leonardita, el cual se encuentra en forma natural en yacimientos en diversos lugares del mundo y que se caracteriza por su alta concentración de sustancias húmicas, reconocidas por su excelente y prolongado efecto de acondicionamiento en el suelo. Al ser la Leonardita un material que se extrae y que se obtiene naturalmente desde yacimientos formados al azar bajo diferentes condiciones naturales y materiales parentales, no es homogéneo entre un sitio y otro, por lo que no se pueden considerar equivalentes entre sí y tampoco lo serán sus efectos en el suelo. Los yacimientos con mejor calidad de Leonardita que existen en el mundo se encuentran en Alemania, donde son explotados y manejados bajo estrictos criterios técnicos y de conservación por la empresa Humintech; los principales productos fabricados con esta Leonardita son POW HUMUS®, líder mundial en el mercado de sustancias húmicas para aplicación al riego, y su alternativa de lenta entrega para establecimiento de huertos llamada PERL HUMUS®.

PERL HUMUS® se elabora con Leonardita de primera calidad, seleccionada e inspeccionada desde el yacimiento mismo que aporta sustancias húmicas en alta concentración, las cuales son altamente efectivas gracias a su gran reactividad con el suelo, dada en gran parte por los varios millones de años involucrados en su generación (foto 1); está especialmente diseñado para su uso en establecimiento de huertos nuevos mediante aplicación directa al hoyo de plantación y puede ser utilizado en conjunto con fertilizantes, nematicidas u otras alternativas equivalentes. Gracias al uso de PERL HUMUS® es posible conservar la condición inicial del suelo, prolongando la efectividad de la preparación inicial; aumentar la eficiencia de los fertilizantes, asegurando una mejor nutrición de las nuevas plantas; genera una condición ideal de suelo en cuanto a estado físico y biológico, la que favorece el adecuado desarrollo de la raíz y el crecimiento equilibrado de las plantas.

 

Figura 1: partículas minerales del suelo, materia orgánica y efecto sobre los agregados y estructura.

Figura 2: efecto del contenido de materia orgánica sobre la estabilidad de un suelo y el fenómeno de asentamiento.

 

Foto 3: detalle de un trozo de Leonardita alemana con más de 16 millones de años de formación.

Referencias

Seguel, O. 2015. La compactación del suelo en sistemas agrícolas: ¿prevenir o curar? Red Agrícola, N° 73, 58-59.

 

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