Post-Cosecha en el Huerto, Renovando energía para la futura cosecha

Post-Cosecha en el Huerto, Renovando energía para la futura cosecha

 

POST- COSECHA EN EL HUERTO:

Renovando energía para la futura cosecha

 

En agronomía, cuando se habla de Post-Cosecha, lo más común es pensar en todos los manejos que se aplican a la fruta una vez cosechada, con el fin de perpetuar su calidad y condición durante el tiempo que se requiere hasta que ésta llega al consumidor final, lo cual incluye tratamientos, conservación en frío, mantención de la cadena, transporte, etc., es decir, se tiende a pensar en la fruta que existe hoy, pero, ¿qué pasa con aquella que definirá la próxima cosecha?, aquella que aún no vemos, pero que se está determinando al interior de cada uno de los árboles del huerto. Durante ese período que llamamos Post-Cosecha, el huerto frutal se encuentra metabólicamente activo, justo previo a su entrada en dormancia. Durante este período comienza el proceso de senescencia programada, el cual es activo y controlado genéticamente, con el fin de generar un correcto reciclado y movilización de nutrientes a los órganos de almacenamiento, que serán posteriormente utilizados en generar nuevas yemas florales y vegetativas (Rogers, 2017). Durante este tiempo además el árbol inicia la diferenciación floral (Fadón et al., 2015).

El receso es parte del ciclo natural de los frutales de hoja caduca y su inducción coincide con el inicio de las bajas temperaturas del otoño y al acortamiento del largo del día (Yuri, 2002; Gardner, 2006). Su duración y comienzo depende entre otras cosas de la especie y la variedad. Síntomas visibles como la caída de las hojas y el cese de crecimiento indican que el proceso está en desarrollo, no obstante, en muchos casos éste comenzó antes, con la ocurrencia de otros cambios invisibles, al interior de la planta, y que involucran simultáneamente a los contenidos de enzimas, hormonas e hidratos de carbono. Comprender todo lo que involucra este proceso de senescencia es clave para adoptar estrategias que permitan a la planta aprovechar al máximo el reciclaje y acumulación de reservas para la siguiente temporada, preparándola para poder entrar a un estado de dormancia óptimo.

Revisemos algunos de los procesos claves que ocurren durante la post-cosecha, previo a la entrada en receso, los que determinarán la capacidad final de acumular, reciclar y almacenar reservas:

Cambios celulares: la degradación de los cloroplastos libera proteínas que se encuentran en su estructura (Gan y Amasino, 1997), mediante un proceso donde parte del cloroplasto mantiene intacta su actividad (fotosíntesis adecuada) mientras que otra parte del mismo, genera enzimas que lo degradan para comenzar el proceso de movilización de nutrientes (Diaz-Mendoza et al., 2016).

Cambios metabólicos: las macromoléculas juegan un rol fundamental en el desarrollo de las plantas; su elaboración y transporte durante esta etapa del ciclo fenológico pasa a ser clave para una correcta acumulación de reservas como requisito en el inicio de un nuevo ciclo productivo (Griffiths et al., 1997). Algunos de estos cambios metabólicos son:

  • Degradación de proteínas: pasan de formas menos móviles como el glutamato, a otras de mayor movilidad como la arginina, asparagina y glutamina; estas son transportadas a estructuras de almacenamiento (Buchanan-Wollaston, 1997).
  • Movilización de lípidos: durante este período, la gluconeogénesis se ve altamente incrementada, ya que la progresiva disminución en la fotosíntesis provoca un alto requerimiento energético, lo que obliga a la planta a utilizar los lípidos y carbohidratos como fuentes de energía; este proceso resulta muy importante para mantener un equilibrio energético adecuado (Yadava et al., 2016).

Es evidente que cualquier alteración que pueda afectar la adecuada acumulación y reciclaje de reservas, impactará en la producción de la temporada siguiente; un buen ejemplo es la disminución de la diferenciación de yemas en especies que presentan añerismo, la que está directamente relacionada con el desgaste en los niveles nutricionales y el agotamiento de asimilados debido al crecimiento de frutos (Buban, 1996); este fenómeno se puede agudizar sin un correcto manejo de recuperación y regeneración de reservas.

El sistema radical de la mayoría de las especies frutales crece durante la post-cosecha de las frutas, tanto por menor presencia de competidores por los asimilados, como por el hecho de ser además un órgano fundamental de reserva; es además una práctica común la fertilización en post-cosecha, donde el aporte de nutrientes como nitrógeno, fósforo o calcio mejora tanto la cantidad como calidad de las reservas, así como el metabolismo asociado a la diferenciación floral. En el caso del fósforo, éste juega un rol indirecto sobre la diferenciación de yemas, ya que regula los niveles de citoquininas que se sintetizan en las raíces (Hirst y Ferree, 1995).  Por otra parte, el nitrógeno en post-cosecha permite estimular la formación de yemas reproductivas (Williams y Renninson 1963), y el uso de amonio logra estimular la formación de yemas florales (Gao et al., 1992). El calcio es un elemento clave para la calidad y condición de la fruta; Tepecik et al., (2014), concluyen que la aplicación de este elemento y de boro en post-cosecha, produce una mayor y mejor translocación de calcio a los órganos de almacenaje.

Con lo antes expuesto, resulta obvio el considerar que todos aquellos factores que inciden en el desarrollo y crecimiento de la raíz son fundamentales a la hora de elaborar una estrategia de manejo de post-cosecha, en la cual la gestión de la condición del suelo y de la disponibilidad de agua deben ser los más relevantes.

En la actualidad climática chilena, la gestión del cada vez más escaso recurso hídrico resulta fundamental para el buen manejo agronómico, sin sacrificar producción. En este contexto, una estrategia de riego deficitario puede ser utilizada siempre y cuando se tengan en claro objetivos y momentos de aplicación, con el fin de permitir al agricultor mantener y mejorar la calidad de la fruta, haciendo un menor uso del recurso hídrico. (Marsal et al., 2010; Intrigliolo et al., 2013; Vera et al., 2013). Este riego deficitario puede ser utilizado exclusivamente durante procesos fenológicos que tengan una mayor tolerancia al déficit hídrico (Chalmers et al., 1981; Mitchell and Chalmers, 1982); en la mayoría de las especies el crecimiento de fruto y su posterior maduración son momentos en los que no puede existir déficit hídrico debido al alto impacto que esto genera en el producto final, no obstante la post-cosecha es larga y es un mejor momento para gestionar y disminuir el aporte hídrico, lo que no significa en ningún caso dejar de regar (Naor et al., 2006; Marsal et al., 2010). Cualquier disminución del riego debe ser aplicada con mucha precaución, y siempre en suelos en buenas condiciones físico-químicas y con alta actividad de microorganismos, ya que un déficit excedido puede tener un efecto perjudicial en la siguiente temporada (Lopez et al., 2007).

Otro aspecto relevante durante el proceso de regeneración de reservas para la planta lo constituye la presencia y actividad de los microorganismos del suelo. La importancia de esta condición se ha ido incrementando en los últimos años, en la medida que más y más estudios han documentado el gran impacto que tiene la microbiota del suelo sobre el desarrollo de las plantas y la capacidad de éstas para absorber nutrientes (White et al., 2012; Prieto et al., 2017), en la defensa contra patógenos (Soares et al., 2015; Verma et al., 2018),  y en la mayor capacidad (o resiliencia) de la planta para tolerar fenómenos de estrés (Redman et al., 2002; Irrizarry y White, 2018), en particular aquellos asociados a las altas temperaturas, falta de agua en el suelo o salinidad. Actualmente se sabe que las plantas ‘’cultivan’’ y “cosechan” microorganismos para obtener nutrientes que normalmente son de difícil absorción. Un ejemplo de esto son las bacterias del género Bacillus, que tienen la capacidad de solubilizar nutrientes como fósforo y hierro, al mismo tiempo que protegen a la raíz contra patógenos (Prieto et al., 2017) y a los daños asociados a salinidad. Asimismo, se sabe que un adecuado desarrollo de pelos radicales (aquellos que absorben agua y nutrientes) está ligado a la presencia abundante en los suelos de microorganismos endófitos. Lo anterior hace evidente la importancia de lograr una buena condición de suelo en términos biológicos, físicos y químicos, ya que la verdadera fertilidad y potencia de un suelo estará dada por el equilibrio entre estos tres aspectos. Un suelo compactado, con problemas de pH o acumulación de metales pesados, con escasa oxigenación, no permitirá el adecuado desarrollo de la raíz, lo que afectará directamente a las poblaciones de microorganismos del entorno, limitando finalmente el acceso fundamental en este período al agua y los nutrientes.

En resumen, la post-cosecha es una época de oportunidades en la cual el manejo agronómico debe estar presente para aprovechar las reservas existentes o incrementarlas, asegurar el buen desarrollo de la raíz, generar las condiciones ideales para la buena diferenciación floral, acumular buenos niveles de reservas y dar las condiciones necesarias para que el huerto aproveche al máximo los beneficios del receso invernal.

 

Referencias bibliográficas:

 

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